Ultimamente no he actualizado mi blog con mi habitual regularidad (fruto de un maravilloso invento que se llama “escribir con antelación”) y, aunque podría achacarselo al trabajo (sería lo más facil), tengo que reconocer que ultimamente mi tiempo libre se lo tiene comido… un videojuego en modo de texto.

Dios mio, ¿donde estan los graficos?

Dwarf Fortress es un juego de estrategia donde no hay ninguna condición ganadora (ej: acumula oro, aniquila a tus enemigos) y si muchas condiciones de derrota. Mi primera fortaleza sucumbió a la sed cuando hizo tanto frio que mis enanos no pudieron derretir el agua para beber y se acabó el alcohol. Otras fortalezas se las han llevado la guerra, el hambre o una inundación accidental de todos los niveles de la fortaleza.

El modo principal que da el nombre al juego, “Fortaleza Enana”, te pone al mando de un equipo de siete enanos para montar una fortaleza. Empiezas con pocos recursos, y las caravanas no empezarán a llegar hasta final de año, asi que es importante planificar bien el comienzo para asegurar que a la llegada de estas tus enanos aun esten vivos. Hay multitud de tareas que pueden ser asignadas: los enanos pueden cultivar tanto en la superficie como bajo tierra - y cada una con sus tipos diferentes de planta -, pueden (obviamente) abrirse paso debajo del suelo en busca de minerales valiosos o simplemente para crear habitaciones donde poner almacenes, dormitorios, comedores o talleres. De los ultimos hay como una docena, cada uno dedicado a la producción de un material diferente: pieles, tejidos, manualidades, trabajo del metal o la madera…

Quizas la parte que me llama más la atención es que lo primero que haces al empezar es crear un universo nuevo, con sus razas y su primer milenio de historia. Cuando empiezas tu fortaleza, esta pasa a formar parte de dicha historia, lo que queda reflejado en cada grabado y cada obra de arte que fabricas.

En el otro modo de juego, el modo “aventura”, llevas a un solo personaje en un estilo más “rogue”, para descubrir la historia del mundo, o para forjarte la tuya propia. Puedes visitar las fortalezas que has abandonado y redescubrir su historia desde el punto de vista de otro personaje. De repente te das cuenta de que los enanos que habias hecho trabajar como esclavos tienen nombre y apellidos, y motivaciones, preferencias, pasiones y disgustos.

El ultimo modo, “leyendas”, te permite recuperar todos los datos que has descubierto del mundo creado a traves de tus personajes. Un detalle agradecido.

A pesar de la curva de aprendizaje tremendamente elevada y de unos gráficos que tiran de espaldas, recomiendo encarecidamente que le deis una oportunidad al juego de estimular un poquito esas neuronas tan maltratadas por los superficiales juegos de hoy en dia. Eso si, cuidado no os ahogue…