El hombre y su apéndice

Mi experiencia personal difiere bastante de la apendicitis de manual. Si algo es normal en las apendicitis de mi familia, es que no son normales. Por parte de madre, apendicitis crónica. Básicamente significa que hace meses que me duele el costado, pero como los dolores subsidian al cabo de un tiempo pues no pude ir al medico hasta que eso estaba ya al rojo vivo. Por parte de padre, apendicitis bizarra. Mi apéndice estaba situado en el cuadrante superior derecho (en vez de en el cuadrante inferior derecho) de mi abdomen, cosa que provocó el desconcierto entre los médicos, que jugaron al ratón y al gato con mis intestinos durante casi tres horas de operación. Mi tamaño no ayudaba demasiado, ya que tuvieron que doblar la dosis de anestesia. Por si todo esto no fuera poco, se les rompió el saquito donde estaba mi apéndice (que por lo visto era bastante grande), y se les cayó dentro otra vez, así que tuvieron que abrir por otro lado y sacarlo por ese sitio. Los médicos afirmaron que la operación fue “una apendicetomía por laparoscopia, sin incidentes”. Toy malito y me cuidanLa recuperación transcurrió sin problemas, gracias a las constantes atenciones de las amabilísimas enfermeras del hospital, y a un gran compañero de habitación, el señor Ramón (aprovecho para desearle su pronta recuperación). Cuando se disiparon los efectos de los calmantes (fueron un par de días de estar constantemente mareado y confuso, y sin haber probado pizca de alcohol), me quitaron el drenaje, me hicieron caminar, y a los cuatro días de la operación salía del hospital de la misma manera que había entrado, por mi propio pie.

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